1.26.2009

Restebal. Parte I

"Esto es un suicidio, un puto suicidio" Guillermo de no dejaba de repetirselo mientras intentaba con brusquedad ajustar la mira del rifle.
-No puedo.- Y con un gesto de enfado se lo arrojó pesadamente a Fran, que lo cogió al vuelo.
Fran se sacó un destornillador del bolsillo delantero del chaleco y comenzó a desmontar el cañón.

-Bueno el plan esta claro, ¿no?, llegamos, buscamos el origen de las llamadas y nos vamos.
-¿Y si hay alguien?.-Ignacio estaba más nervioso que de costrumbre y no dejaba de moverse en el asiento del copiloto.
-Pues los recogemos.-Román respondió con la misma brusquedad que utilizó para girar el volante y esquivar un coche volcado en la carretera.

Guillermo empezó a recordar como había pasado todo: El lunes pasado (creia que era lunes) la radio de onda corta había empezado a farfullar cosas y extrañas e inquietantes. Como todos creian que los zombies no habían aprendido a manejar radios, tenían que ser unos supervivientes. Durante un par de días Carlos calibró y calibró hasta que consiguió que la señal llegara más o menos nítida. Cuando oyeron lo que la radio vomitaba se quedaron de piedra.
Restebal resistía. Bueno, en realidad, una familia sobrevivía en Restebal. Mandaban un mensaje desesperado de ayuda en todas direcciones, diciendo que habían atravesado sus defensas y estaban acorralados en un sotano reforzado. Eran dos hombres, tres mujeres y dos niños.
En ese momento Román tomó la firme determinación de salir inmediatamente, con la firme oposición de Guillermo. Tras un día de discusiones el Refugio al completó votó y el resto...es una duda.
Ya se apreciaban las primeras casas tras el recodo que acaban de tomar. Cada quinientos metros una sombra se deslizaba desde lo árboles y comenzaba a perseguir el todoterreno rojo del grupo.

Aparcaron en la puerta de una finca rural con piscina, ahora cubierta por malas hierbas y una gigantesca hiedra. Una metáfora del resto del mundo.
Todo parecía despejado. Cerraron bien cerrado el vehiculo y Fran observó con la mira del fusil.
-Nada.-Se había vuelto muy taciturno desde que todo comenzó.
Guillermo sacó la 10 mm, Ignacio su querido Ak y Román avanzó erguido y orgulloso.
-Va a ser un día jodido, amigo.-Guillermo dijo esto y sacó un regaliz para colocarselo en la boca.
-No te creo.-La respuesta de Fran hizo que ambos esbozaran una trsite sonrisa por las bromas del pasado.

1.22.2009

La Guerra (El Chad).

Uno de los guerreros escupió una flema roja al suelo. Todos se apartaron rapidamente del lugar donde el deshecho impactó. Sabían lo que le había pasado a ese hombre, la cicatriz en forma de mandibula de su gemelo lo atestiguaba: tenía el mal del muerto, cuando muriera su cuerpo regresaria para comer carne humana. Pero no lo habían matado, no podrían haberlo matado ni aunque hubieran querido, era el hombre más fuerte y rápido de Fada y las balas hacía una semana que se habían gastado.
Desde que la munición se acabo los Fadanos luchaban como lo habían hecho durante siglos sus antepasados, con la lanza y el escudo, contra los muertos era rudimentario, pero eficaz.
Ahora todos los hombres del pueblo, algunos demasiado jóvenes, otros demasiado viejos y todos con el miedo reflejado en su mirada, eran guerreros leopardo.
El Hombre del Mal del Muerto lanzó un alarido que sonó como la risa de la hiena en la oscuridad y todos rezaron a la noche para que confundiera a los hijos del inframundo.

Lanzó un tajo penetrante con la lanza y esta le entró a la mujer por el ombligo. Consiguió pararla, pero al momento ella comenzó a avanzar mientras un desagradable crujido sonaba dentro de sus tripas ensartadas. Él empezó a temblar y estaba a punto de soltar el arma y echar a correr cuando un machete salió de la nada y penetró diez centimetros en el cráneo de la mujer, que dejó de luchar para descansar. El Hombre del Mal del Muerto extrajo su arma y giró sobre si mismo al tiempo que arrojaba la lanza que portaba en la mano izquierda. Otra figura tambaleante cayó a lo lejos.
Se les habían echado encima en menos tiempo que los leopardos trepan y la lucha había sido cerrada desde el principio. Por suerte los escudos de mimbre hacían bien su trabajo y nadie había resultado mordido. Nadie excepto el Hombre del Mal del Muerto, que estaba cubierto de cabeza a pies de sangre. Una tremenda herida en el pecho desnudo y palpitante no dejaba de manar rubí. Miraba a los demás hombres como esperando un juicio. A todos les había salvado la vida aquella noche, por lo menos una vez.
-¡Viva el Dos Veces Maldito!.-Todos los hombres corearon el grito mientras levantaban las lanzas y el Dos Veces Maldito se perdió en la noche.
Fada viviría otro día. Fada estaba viva.

1.21.2009

Resultado de la encuesta I.

Ya hemos cerrado la encuesta del lugar más seguro de Granada. Y...Neptuno???? Veamos, veamos...tiene UN supermercado, está en plena ciudad y tiene cerca la autovía desde donde pueden llegar zombies de todas las nacionalidades. Aunque todos los centros comerciales son inseguros por ser un imán para los supervivientes, debeis saber que el más seguro era Carrefour, ya que cuenta con enormes reservas de comida, tiene camaras frigorificas, esta en una zona menos habitada y si...tambien tiene al lado la autovia, pero la entrada más pequeña de todas.
Vaya, vaya, si quereis sobrevivir más vale que intenteis que os admitan en el Refugio.

La Guerra (Rusia).

El caza vibraba como si lo estuviera agitando una mano gigante. De vez en cuando llegaba por la radio alguna orden o un cruce de transferencias. El viejísimo MIR no era un aparato que se encontrara en condiciones de realizar aquellas operaciones, pero desde que el mundo se fue a la mierda, la fuerza area rusa estaba utilizandolo todo. Y todo es todo.
El museo de la guerra de Volvogrado había sido saqueado y ahora en el cuartel tenían unos obsoletos T-60 patrullando.
Un poco a la izquierda apareció la ciudad de Volgodonsk y el copiloto indicó un leve giró de cinco grados.
La formación de combate estaba compuesta por cinco aviones, dos escoltas como el suyo y tres
TU-60...no todo iba a ser prehistorico.
Comenzaron a hacerse visibles las pequeñas manchas blancas de los barrios residenciales de la ciudad. Al norte estaba la zona industrial, luego el rio y luego Solnoskaya, otra ciudad.
-En posición de fuego en treinta segundos.
Tiró de los mandos del MIR y el aparato ascendió dejando que los superbombarderos se colocaran debajo. No sabía quien había mandado esa formación, pero él estaba totalmente seguro de que los zombies no lo atacarían desde arriba.
A la derecha y al norte de Volgodonsk uno de los cientos de lagos del Volga controlaba la afluencia de zetas. Parecía que a aquellos bichos evitaban el agua cuando andaban y bordeaban el rio internandose en la ciudad.
Los TU-60 abrieron sus compuertas de panza y comenzó a llover sobre la ciudad.

Tras seis pasadas la urbe era poco más que una parrilla requemada y miles de cadaveres calcinados la poblaban. En los últimos diez días la horda Z de Moscú y la Georgia y Azerbaiyán estaban confluyendo en los alrededores y la fuerza aérea tenía que dispersar la amigable reunión de aproximadamente dos millones de muertos. Era increible el poder disuasorio de 120 toneladas de munición incendiaria.
-Volvemos a la base.-Hizo un luping y el mundo giró...otra vez.

1.19.2009

La Guerra (Granada). Parte I.

-Pelotón segundo, apunten y disparen.-La orden fue transmitida con una serenidad que parecía impropia.
Los veinte soldados abrieron fuego casi al unísono destrozando cajas torácicas y cabezas en un aluvión de carne y sesos.
Tras diez segundos de disparos continuados los percutores de los G36 golpearon en vacio y el fuego se detuvo.
Ya solo se veían cinco o seis criaturas a lo lejos.
El pelotón se encontraba protegiendo la entrada de la carretera de Armilla. Una barricada prefabricada separaba a los veinte exhaustos soldados del centenar de cadáveres del otro lado. A su derecha veían la zona de los concesionarios y un poco más adelante la feria de muestras y el Carrefour. A su izquierda la gasolinera y unas zonas residenciales. Justo a su espalda dos BMP de transporte y un Leopard del ejército de tierra esperaban como bestias dormidas vigilando su retaguardia.
En realidad estaban allí protegiendo la relativa seguridad de la autovía por la que una interminable columna de refugiados, motorizados o andando se dirigían a Almería o Málaga, por distinto carriles.
De Armilla no acudía ni un solo zeta. Parecía que los chicos de la base aérea estaban haciendo bien su trabajo. De hecho de vez en cuando veían pasar un helicóptero de reconocimiento.
Cada dos horas más o menos llegaba un BMP del cuartel del rasillo y les dejaba agua y cargadores, pero nada para los blindados, que pronto se quedarían sin balas para los muertos.
Por ahora parecía que Granada resistía, aunque oficialmente tenían orden de evacuarla. Los puntos seguros serían Almería y Málaga, alcanzables por mar. Granada resistía.

1.13.2009

Archivs del Refugio II. Mapa


En este mapa se muestra la situación en Europa en Mayo de 2009. Se muestran las principales hordas zetas, así como los puntos seguros más importantes.

1.12.2009

Historias paralelas.

"La brisa emergía del mar bañandolo todo de sal y espuma. La proa continuaba con su labor destructiva de las olas sin apenas inmutarse y a lo lejos comenzaban a verse gaviotas que se alejaban de la costa. Se veían algunas embarcaciones que intentaban acercarse tras la cruz roja de la bandera del "Juan de la Cosa", buque hospital de la desaparecida Armada Española. Algunos barcos estaban claramente muertos y sus putrefactos ocupantes se arrojaban al mar al pasar el Juan de la Cosa haciendo sonar sus bocinas. Jk bajó de la proa y se dirigió a su camarote...ya falta poco"

Diario de Guillermo II.

20. 4. 09. 15: 45 p.m
No he podido escribir hasta ahora. Hemos estado muy ocupados intentando que no nos echen del pueblo. Esta mañana han conseguido reparar la radio de onda ultra corta del taller del pueblo y hemos sabido cosas del mundo. Granada ha caido. Malaga y Almería quedan como puntos blancos. Madrid resiste. Barcelona es un baño de sangre. Bilbao tiene una infección al 89%, pero resiste. La fuerza aerea bombardea las hordas muertas que salen de las ciudades caidas. Y en el resto del mundo...New york es historia, hongo nuclear. París resiste, Londres está partida y Berlín ha caido. ah! y un caso curioso y esperanzador...Edimburgo: infección al 1%. En cuanto a nosotros, si las cosas siguen así, (la gente se marcha hacia Almeria, pero yo he convencido a nuestro grupo de que moverse es un suicidio), pronto nos quedaremos solos y en disposición de empezar a fortificar y cultivar además de
Esta sonando la alarma, luego vengo.

Archivos del Refugio I.

Transcripción directa de una grabación encontrada por los Refugiados en la comisaría de policia de Granada:
15. 4. 09. 19: 50 p.m.
-Aqui el Coronel Gómez, encargado del perímetro de defensa, al mando de ciento veinte hombres.
-Le recibo Gómez, soy el General Martínez, al mando de las fuerzas andaluzas. Llamo para requerir un informe de su situación.
-Si señor. La situación es muy desesperada. He perdido cien hombres en tres días. La ciudad no contaba con tropas acantonadas y las fuerzas de seguridad desertan por momentos. A parte de que el gobierno local insiste en seguir controlandolos. Hemos tenido que abandonar zonas progresivamente y actualmente mi centro de mando se encuentra aqui, en el Rasillo.
Dos de mis pelotones defienden el punto blanco del Clinico, otro se encuentra intentando establecer un perímetro entorno a la entrada de Armilla, con un par de blindados; otro protege la carretera de Almería, por donde marcha una larga columna de refugiados; la última vez que contactamos con el quinto pelotón intentaba limpiar el instituto Padre Suárez, no sabemos nada de ellos. Por último el sexto pelotón se encuentra aqui rearmandose.
-De acuerdo, coronel. Escucheme, esto es lo que tiene que hacer: Mañana por la mañana quiero que reuna a sus hombres supervivientes, monten en sus transportes y salgan de ahi cagando leches.
-¿Me está ordenando que abandone al 56 % de la población, que aún continua viva?
-Si coronel, es una orden.
-¿Y si me niego?
-Le comunico que el gabinete de crisis ha autorizado la orden "espiga", es decir, la utilización de bombardas incendiarias en poblaciones con más del 85% de infección. Y Granada quedará así en dos días.
-De acuerdo señor, mañana partiremos.
-Así me gusta coronel, nos vemos en Almeria.

Fin de la transcripción.

1.08.2009

Diario de Guillermo

12.4.09. 00.24 horas
"Acabamos de llegar a nuestro destino. Al final tomamos la ruta C. La gente nos ha acogido con recelo. No se fian, han visto las noticias. Tras asegurarse de que estamos sanos y fijandose en los niños nos han dejado una fria casa abandonada. Ahora están reunidos pensando que van a hacer con nosotros... Hemos perdido un coche y un tercio del equipo, pero todos estamos bien. Mañana será otro día"

Perfil de Rebeca

Este es el perfil de Rebe despues de la aventura, solo ha cambiado en un punto su buguei.

NOMBRE: Rebeca (post-apocalipsis)
Altura: 1.75 cm
Edad: 24 años
Peso: 65 kg.
Nacionalidad: española.
Pelo: Negro.
Piel: Blanca.
Detalles: Ojos verdes y una gran capacidad empática cuando lo desea.
TIPO: SUPERVIVIENTE.
Atributos Primarios:
FUERZA- 2 CONSTITUCIÓN- 3 PERCEPCIÓN- 3
DESTREZA- 4 INTELIGENCIA- 4 VOLUNTAD- 5

Atributos Secundarios:
PUNTOS DE VIDA- 26
PUNTOS DE RESISTENCIA- 32
VELOCIDAD- 18 km/h->9m/s
RESERVA DE ESENCIA- 21

VENTAJAS: Puntos DESVENTAJAS: Puntos
Atractivo (1) Cruel (-1)
Difícil de matar (2) Pesadillas recurrentes (-1)
Sentidos aumentados (oído) (2) Fobia (-2)
Reacción Rápida. (2) Imprudente (-2)
Buena suerte 1 (3)

HABILIDAD Nivel HABILIDAD Nivel.
Actuar 2 Hacer Trampas 1
Arma CaC (machete) 2 Idioma (Inglés) 2
Arma de Fuego (pistola) 2 Idioma (Francés) 1
Artes marciales (Buguei) (1) 2 Informática 1
Ciencias Sociales (Economía) 3 Mecánica (Turismo) 1
Conducir (Turismo) 3 Nadar 2
Documentación 2 Observación 2
Arma de Fuego (Fusil de Asalto) 2 Seducción 1
Sigilo 2 Tocar Instrumento (Chelo) 2

CITA: “¡Cipollo muere ya!

Perfil de Elvira

Aqui teneis el perfil de elvira despues de la aventura.


NOMBRE: Elvira (post-apocalipsis)
Altura: 1.60 cm
Edad: 18 años
Peso: 55 kg.
Nacionalidad: española.
Pelo: Negro.
Piel: Blanca.
Detalles: Unos enormes ojos negros de mirada inquisitiva.
TIPO: SUPERVIVIENTE.
Atributos Primarios:
FUERZA- 3 CONSTITUCIÓN- 3 PERCEPCIÓN- 3
DESTREZA- 4 INTELIGENCIA- 5 VOLUNTAD- 3

Atributos Secundarios:
PUNTOS DE VIDA- 32 (34)
PUNTOS DE RESISTENCIA- 31 (32)
VELOCIDAD- 21km /h->10 m/s
RESERVA DE ESENCIA- 21

VENTAJAS: Puntos DESVENTAJAS: Puntos
Atractivo (2) Cruel (-1)
Memoria fotográfica (2) Honorable (-1)
Nervios de acero (3) Vaga (-2)
Talento artístico (Dibujo) (3) Obsesión (saber algo de Juan Carlos) (-1) (-2)
Inmunidad al virus (1) Contagiada por el virus (-3)

HABILIDAD Nivel HABILIDAD Nivel.
Arma CaC (porra) 3 Lanzar (Bola) 2
Arma de fuego (pistola) (2) 3 Medicina alternativa 2
Bellas Artes (Dibujo) 3 Mitos y Leyendas (Zombies) 3
Correr (Sprint) 2 Nadar 2
Esquivar 1 Pelear 3
Idioma (Inglés) 3 Primeros auxilios 4
Idioma (Alemán) 2 Supervivencia (ciudad) 1
Informática 2 Seguir rastros 2
Sigilo 1 Tocar instrumento (piano) 1
Intimidación 1

CITA: “Bieeeen…no, es broma, en realidad está fatal”

El Hospital. Desenlace.

Elvira lloraba en una esquina del espacio de carga. Juan se giró y le posó una mano en la cabeza, acariciándosela con ternura. Guille lanzó un Yiiiiiijaaaa!!! y Elvira se durmió de puro cansancio.

No volverá a correr, pero ha salido bien. Los huesos soldaran, le quedará cicatriz pero andará. Guille suspiró aliviado ante el veredicto de Francisco sobre Carlos. Chocó una mano con Igna y salió para decírselo a los demás.

El Hospital. Parte XIII

Comenzaron a caer muchos muertos por delante y algunos por fuego proveniente también por detrás, pero la masa parecía inacabable. De repente sonó un repiqueteo metálico contra el suelo y para Elvira todo se volvió blanco.
Rebe se lanzó al suelo justo a tiempo, la explosión la pillo con el pecho apretado contra el frio mármol y solo la aturdió. Elvira volvió a llevarse la peor parte (hoy no era su día). La onda expansiva la arrojó contra la pared y cayó sentada y sin conocimiento.
Abriendo fuego como nunca lo habían visto, Román apareció de entre la masa de cadáveres. Propinó un culatazo a un acosador y le partió el cráneo. Se lanzó escaleras abajo y apretó a Rebeca entre sus brazos.
-¿Estás bien amor?-la besó-estaba preocupado por ti.
Entonces miró a Elvira y lanzó un silbido. De entre el fuego sostenido aparecieron dos hombres más. El hall estaba totalmente despejado pero era una carnicería del terror, todo lleno de huesos y vísceras desparramadas. Ignacio avanzó presto y le quitó con delicadeza la mochila y la pistola a Elvira, colocándose la primera y guardando la segunda en el bolsillo. El otro hombre era un negro enorme que portaba un rifle de asalto G37 e iba acompañado por un perro. Levantó a Elvira en volandas, mientras Román hacía lo propio con Rebeca. Ambas se dejaron llevar, estaban demasiado cansadas para hacerse las fuertes.
Mientras abandonaban el hospital de los horrores aparecieron más zetas. Igna se giró y los abatió con ráfagas controladas de su fiel AK 47. En la plaza de la puerta había aparcada una furgoneta blanca con un dibujo hecho a spray en el lateral. Era una calavera gritando mientras una mano la apretaba y agrietaba por arriba. En la ventana del copiloto Juan apuntaba una pistola.
Salían más muertos por la puerta de urgencias. Román lanzó otra granada y destruyó una de las columnas que sujetaban el pórtico. Éste cayó aplastando a los zombies. Abrieron las puertas traseras del vehículo y entraron. Román depositó a Rebeca en un lateral y el negro hizo lo mismo con Elvira. Igna subió al vehículo mientras el desconocido bajaba. Se quedó dudando un momento en la puerta mientras el perro (un pastor alemán) se removía inquieto.
-¡Sube!-El hombre no dudó un momento de la palabra de Igna y subió cerrando las puertas.

La cabina estaba comunicada con la parte de carga por una apertura hecha apresuradamente. Guille estaba al volante con un regaliz en la boca.
-¿Qué tal las balísticas M2?
-Acelera coño.-Rugió Román.
-Vale, vale.-El motor roncó y la furgoneta salió disparada por las calles de Granada.

El Hospital. Parte XII

El camino de la línea roja las condujo hasta otro pasillo donde Elvira anduvo despreocupada hasta la figura que ser acercaba a trompicones y cuando estuvo a un metro le descerrajó un tiro en la frente. Rebe disparó a otra figura que venía por el pasillo de la izquierda y le reventó una rodilla, volvió a apuntar.
-¡Déjalo!-Su voz estaba furiosa-Quiero irme de aquí, como está no nos cogerá.
Rebeca asintió y comenzaron a trotar por el pasillo. Expulsaban un frio resuello que paró cuando giraron a la izquierda por última vez.
La línea roja acababa al final del pasillo, donde una puerta con cristal volvía a mostrar el mismo jardín de antes.
Ante de la puerta doble del quirófano había cuatro figuras que se volvieron hacia ellas y comenzaron a gemir. Rebeca, harta de andarse con minucias, rompió una de las reglas de combate. Puso la palanca en ráfaga y disparó.
Las tres balas que quedaban salieron hacia los zetas, aunque Rebe no estaba acostumbrada a ese retroceso y lo hicieron con trayectorias diferentes. Se abrió un agujero en la pared, un agujero en una frente y un muslo necrótico dejó de existir. Elvira comenzó a avanzar disparando mientras Rebe metía el cargador que le quedaba. La joven herida derribó a otro con un certero disparo. Le quedaba una bala. Un zeta se acercaba a una velocidad considerable mientras el otro lo hacía arrastrándose. Apuntó al caminante y la bala entró por el ojo. Su puntería mejoraba.
Rebeca masacró al otro. Entraron como una tromba en el quirófano, apuntando con las armas y la linterna. Todo estaba vació. Todo excepto la corrupta mesa de operaciones.
Yaciendo allí, sabe Dios desde cuando, había un hombre, atado y con el pecho abierto en canal. Su negro corazón ya no latía, pero gemía y sus ojos sangrientos anhelaban la carne de las compañeras. Elvira se acercó y con la frialdad del cazador, le metió el cuchillo por el ojo izquierdo.
Cuando salieron corriendo parecía que un huracán había pasado por allí. Todas las bandejas de instrumental estaban tiradas por el suelo y los cajones revueltos y saqueados. En sus mochilas tintineaban una sierra médica, jeringuillas y varios paquetes de hilo de seda. Rápidamente desanduvieron el camino, saltando a los monstruos heridos y llegaron a donde las habían sorprendido desde la oscuridad. Allí recuperaron el aliento y se orientaron, encontraron la sala de espera y se acercaron a las sillas de plástico. Un inquietante sonido venía de arriba, como el de decenas de pies siento arrastrados a la vez, acompañado de un gemido casi unánime y desalentador. Subieron las escaleras cada vez más iluminadas lentamente, con las armas en ristre. Comenzaron a oírse disparos arriba. Aceleraron y cuando giraron el recodo que permitía ver el piso de arriba se quedaron heladas. Muchos de zetas avanzaban hacia la salida, de donde provenían los disparos. Cuando ellas asomaron por el rellano, algunos se desbancaron del grupo y se dirigieron hacia ellas. Retrocedieron un par de pasos abriendo fuego continuamente.

El Hospital. Parte XI

Embistieron desde el segundo pasillo. Ellas se habían despistado y tenían que pagar su error. A Rebeca el golpe la tiró por el suelo, pero consiguió propinar una patada a ciegas con la que apartó a su atacante, siempre había sido una chica afortunada.
A Elvira no la derribaron, la agarraron. Unos putrefactos brazos de acero la sostuvieron por los hombros y solo tuvo tiempo de extraer el cuchillo del cinturón. Rebeca disparó la Magnum por última vez, fallando. El tiro entró por el pecho y lo reventó por completo, aunque a su dueño no pareció importarle mucho. Siguió andando.
Elvira aprovechó sus mayores reflejos y descargó un golpe terrible, destinado a atravesarle el cráneo a aquel mal nacido (más bien, mal renacido). Cuando comenzaba a bajar el brazo su herida la traicionó, un calambre le recorrió el torso y la espalda e hizo que el golpe perdiera fuerza en el último momento. Sonó un desagradable crujido cuando el cuchillo se hundió un centímetro en el cráneo del zeta y se quedó atorado. Era su turno. Bajó la cabeza y casi con premura intentó masticar el desprotegido cuello de Elvira, la chica subió el brazo en el último instante y el monstruo cerró las mandíbulas entorno a su antebrazo.
Elvira chilló de dolor y con un último esfuerzo lo apartó de un rodillazo en el estomago, lo justo, un metro.
Mientras tanto Rebeca no había perdido el tiempo, mientras su enemigo retrocedía por la fuerza del impacto había arrojado la inútil Magnum, había desembarazado el rifle y le había descerrajado un tiro al desdichado encima del labio superior. Para cuando el grito de Elvira recorría el hospital reanudando la sinfonía de extraños sonidos, Rebeca ya tenía encañonado al agresor en la cabeza. Imaginad lo que un proyectil de M16 le hace a un parietal a una distancia de medio centímetro.
Elvira lloraba en silencio, hipando de vez en cuando, mientras sujetaba la linterna cada vez más renqueante en una mano y la pistola en la otra. Se había quitado la camiseta y se encontraba recostada contra la pared. Rebe estaba en cuclillas delante de ella, manejando las gasas y el alcohol. Solo habían gastado un envoltorio de gasas, un cuarto de una de las botellas de alcohol y una dosis de morfina. Carlos no se moriría por eso.
-He conseguido que deje de sangrar. Te pondrás bien.-Elvira negó con la cabeza. Entonces recordó porque estaba allí y las ganas de volver a verlos a todos la inundaron. Las ganas de volver a verlo a él le golpearon como un puño muerto.
Se colocó la camiseta y se puso la mochila. Continuaron.

El Hospital. Parte X

Suspiraron de alivio al descubrir los amontonados paquetes de gasas y dos gigantescas botellas de alcohol. Además había un montón de aspirinas y analgésicos leves, nada de ello útil para las compañeras.
Mientras tanto los golpes continuaban sin cesar y el sofá empezaba a moverse un poco. De repente se oyeron rápidas pisadas de botas por el pasillo y un par de ladridos cercanos. Los pasos se fueron acercando y pararon de sopetón. Se escuchó un único disparó de rifle y algo cayó al otro lado de la puerta.
Rebe y Elvira permanecieron paralizadas. No tenían noticias de supervivientes en esa zona ni en ninguna de Granada y la posibilidad de que el autor de los disparos fuera hostil hizo que se quedaran prudentemente calladas y quietas durante un momento.
Tras cinco minutos de espera apartaron el sofá cuidadosamente y abrieron la puerta. Había un cadáver con un agujero humeante en la cabeza. Se encontraba tirado de lado en el suelo. Rebeca salió primera apuntando con el fusil. No había nada, nada salvo el patio del mortuorio de nuevo y otros dos zetas que comenzaban a salir.
Elvira miró hacia la pared y en ese punto donde ahora había claridad y ausencia de sangre y mugre tuvo una gran revelación. Todo el pasillo estaba recorrido de punta a punta por tres líneas. Una amarilla, una verde y una roja. Con la adrenalina y el miedo no habían reparado en ellas hasta ahora. Elvira sintió una creciente indignación consigo misma y con Rebe por no haber pensado antes en eso, quizá no la hubieran mordido…no, no era momento de pensar en eso.
-¡Mira la pared!-Rebe se fijó y casi dispara por el sobresalto.
-La roja tiene una Q. En un quirófano seguro que encontramos lo que nos falta.
-Movámonos.
Comenzaron una carrera desesperada por los pasillos que oscurecían a medida que se alejaban de la cristalera, de donde ya veían salir cuatro monstruos. Elvira intentaba apuntar a la pared y a la vez al pasillo para no perder el camino del quirófano. Sangraba de vez en cuando un borbotón rojo que perforaba la camiseta negra y le hacía apretar los dientes. Giraron a la izquierda y siguieron recto, saltaron el cadáver de un antiguo asaltante para continuar el camino. Dejaron un pasillo a la derecha y cuando llegaban al segundo…
Mierda, estos zombies no son como los de las películas, no se tambalean babeantes aullando: cereeeeebros. Son tan rápidos como les permite el creciente rigor mortis, así, estos cadáveres medio antiguos podían andar como un humano, pero no correr y cuando se encontraban a tres metros o menos tenían una cosa que conocíamos como “la explosión”, es decir, los cabrones embestían con la boca por delante, un último esfuerzo para su cuerpo atormentado. Pero claro todo dependía de la frescura del cadáver, un recién caído podía llegar a correr.

1.07.2009

El Hospital. Parte IX

El farmacéutico seguía allí. Aunque no tenía piernas y sus ojos ansiaban la carne de Rebe. Ella bajó la magnum y la cabeza quedó desintegrada. Cogieron dos cajas de Ibuprofeno 850 y dos cajas de dosis auto inyectables de morfina, una de cada para cada mochila. La puerta empezó a retumbar por los golpes que algo daba en ella.
-Rápido, al sofá no le queda mucho.
En la pared Rebe vio un gigantesco botiquín atornillado que seguro que contenía algo útil. Estaba cerrado con llave y a eso no podía dispararle.
-Busca la llave. Tenemos que abrir eso.
Elvira asintió y miró en el mostrador y debajo de este. Nada. Ambas miraron con asco el cadáver del farmacéutico. Rebe aguanto la respiración y le dio la vuelta. Metió la mano en los bolsillos de la bata blanca y saco una minúscula llave que encajó a la perfección en la cerradura del botiquín.

El Hospital. Parte VIII

Sacó el cuchillo y lo metió en la cerradura intentando recordar las lecciones de Fran. Elvira disparó en ese momento, derribando la primera figura. Rebe se sobresaltó por el ruido y giró la muñeca antes de lo debido. La punta de la hoja se rompió dentro de la cerradura.
-¡Vamos déjalo! ¡No hay nada!-Elvira reclamaba su atención mientras el zeta que quedaba alcanzaba la puerta de cristal.
Rebe rodeó el mostrador y saco otra vez el pistolón. Posicionó las piernas y disparó. La bala atravesó de parte a parte al zeta, reventándole media caja torácica. Elvira remató el trabajo.
-¿Y ahora por donde?-Rebe no sabía ni donde estaban las escaleras.
Elvira siempre había tenido mejor sentido de la orientación y señaló con duda hacía un pasillo a la izquierda. Comenzaron a trotar por él. A Elvira le molestaba la herida y Rebe estaba cada vez más dudosa sobre el éxito de su expedición.
Se trataba de un pasillo de recodo sin puertas ni ventanas. Al final apareció la luz y una puerta doble de cristal a través de la que se veía un jardín cuyos arbustos habían crecido por encima del límite que los humanos permitían.
-Por aquí no es…-Elvira se sentía derrotada y no sabía qué hacer. Se apoyó con la mano en la pared y pensó. Notó que una sustancia viscosa le resbalaba por la palma y la retiró rápidamente para mirar. Era sangre. Se limpió en los pantalones y miró la pared. La huella de su mano había descubierto algo muy interesante.
Una flecha antes tapada por la sangre con una F mayúscula encima, señalaba en dirección de vuelta al pasillo.
En ese momento comenzaron a escucharse de nuevo los gemidos y los golpes y algo más. Unos gritos de mujer que pedían socorro una y otra vez, que de vez en cuando se entremezclaban con los ladridos de un perro y con disparos.
Las dos se miraron y negaron con la cabeza casi al unísono. Bastante tenían con sus problemas como para ayudar a otros.
Volvieron por el pasillo y tras fijarse vieron otra pequeña F que indicaba el siguiente pasillo a la izquierda, enfrente del pasillo y que antes habían ignorado. De la puerta del mortuorio salía otra figura. Aceleraron la marcha. El pasillo desembocaba en una única puerta con un cartel de Farmacia encima. La puerta, por supuesto, estaba cerrada. Rebeca musitó un juramento y sin más miramientos disparó de nuevo contra la cerradura. La puerta volvió a saltar. Gracias a dios la habitación contaba con ventana y constaba de un mostrador tras el cual se alzaban decenas de organizadores ordenados alfabéticamente. Un pequeño sofá beige completaba la escena.
Elvira se lanzó a por el sofá y lo movió hasta colocarlo delante de la puerta. Rebe entró tras el mostrador y miró los cajones metálicos. Algo tiró de ella por los pantalones y giró con un grito.

El Hospital. Parte VII

Tras un minuto de recuperación Rebe se agachó junto a un soldado y lo registró, sonriendo entre temblores mientras sacaba una Magnum 44. de la cartuchera del cinturón de este.
Elvira tuvo la mano puesta en la herida hasta que la sangre ceso de fluir. No era un mordisco muy profundo, pero ya estaba contagiada. Por suerte (o por desgracia), este virus no era mortal. Se transmitía por contacto con fluidos y hacía que cuando el infectado muriera se transformara en unos minutos en un zombie. Rebeca la ayudó a levantarse, pero se notaba en su mirada que tenía mucho cuidado en no acercarse a la herida. Cuando giró la cabeza atrás vio la imprudencia que habían cometido. Al otro lado del patio, sobre una puerta doble, un cartel rezaba “MORTUORIO”. Rápidamente se alejaron del patio y volvieron al pasillo. Torcieron a la izquierda hacia una puerta de madera cerraba cuyo cartel identificaba como el quiropráctico. Entrarían allí para buscar las otras cosas que necesitaban para Carlos: una sierra quirúrgica, jeringuillas, gasas esterilizadas, hilo de seda y alcohol. Elvira ya estaba más centrada. Su valor natural hacía que se recuperara rápido de los golpes.
Tiró del pomo sin éxito. Por detrás de ellas, a unos diez metros, la claridad de la puerta permitía ver a los dos zetas contra los que habían luchado antes. Se habían recuperado y avanzaban más lento debido a los golpes. Pero avanzaban.
Rebe se giró decidida y disparó el magnum contra la cerradura. El disparó se escuchó como un auténtico cañonazo en el recientemente recuperado silencio. Fue como pulsar un botón. Todo el hospital volvió a rugir en golpes y gemidos.
La cerradura se desintegró y la puerta se abrió de golpe. Entraba un poco de claridad por la ventana. En el escritorio del centro de la habitación permanecía sentado un cadáver con un agujero en la cabeza. Mostraba signos de putrefacción evidentes. A la derecha se encontraba una camilla tirada por el suelo y muchos papeles revueltos.A la izquierda una hilera de taquillas de metal. De ellas salían unos golpes furiosos. Las dos se miraron y Elvira dijo que cubriría la entrada. Se giró y apuntó a las figuras vacilantes que se aproximaban por el pasillo. Rebe se guardó la gigantesca magnum en el bolsillo de la chaqueta y corrió tras el escritorio aguantándose las arcadas. Abrió los cajones rápidamente. Papeles, cremas de masajes y el último cerrado…

El Hospital. Parte VI

-¡Corre!
Ambas comenzaron una carrera casi a ciegas debido al balanceo de la linterna en las temblorosas manos de Elvira. El olor putrefacto de todo el ambiente y la sensación de las manos muertas sujetándola no habían ayudado mucho a que se tranquilizara.
Días después Rebe juró que durante su carrera a ciegas por el pasillo había sentido como una mano la intentaba agarrar de la camiseta.
Comenzaron a ver una claridad en lo que parecía el final del pasillo, tras pasar por dos puertas rotas que no tenían ninguna intención de investigar por los sonidos que salían de ellas.
Pararon a recuperar el resuello justo delante de la puerta de cristal que daba salida a un pequeño patio. En el patio la escena era dantesca: tres cadáveres de soldados se encontraban tirados en diversas posturas tras una barricada de sacos de arena que partía el espacio en dos. Al otro lado de la barricada tres figuras humanas que claramente eran zetas se encontraban en cuclillas devorando algo que parecía ser una rata especialmente grande. Cuando oyeron a las dos jóvenes se giraron rápidamente y un destello de hambre y locura cruzó sus ojos.
-¡Podemos coger el equipo de los soldados!-Rebeca se lanzó por la puerta hacia los soldados en unos de sus muchos ataques de imprudencia. Elvira estaba empezando a pensar que hubiera sido más seguro venir sola, idea que deshecho cuando vio como, aún al trote, Rebe disparaba su fusil reventando una cabeza en el proceso.
Elvira corrió detrás de ella y ambas se parapetaron en la barricada. Elvira abrió fuego apresuradamente y solo consiguió un bonito agujero en la pared de detrás de su objetivo.
Los tenían casi encima y tuvieron que retroceder un par de pasos. Rebeca se quedó paralizada cuando vio lo que había en la puerta por la que habían entrado. Una niña pequeña, de unos siete años, rubia y con un pijama rosa de Hello Kity. Su piel mostraba un ramillete de venas negras y sus ojos estaban rojos por la sangre. Le faltaba un pedazo de cuello.
Rebeca comenzó a temblar, mientras Elvira afinaba la puntería y le destrozaba el occipital a otro zeta, sin poder evitar que el que quedaba cruzara la barricada a trompicones y se abalanzara sobre ella.
Entre tanto Rebeca intentaba apuntar con el rifle, sin conseguirlo. Dio un par de tiros que salieron sin rozar a la niña. Hasta que la tuvo encima.
Elvira había conseguido esquivar una dentellada y había sacado el cuchillo de su cinturón.
Rebeca le había dado la espalda y cuando la niña la tenía agarrada por un brazo por fin reaccionó a olor y a los gritos de ayuda de su amiga. Subió el rifle y lo puso casi con delicadeza en la base del cuello de la niña. Apretó el gatillo. Disparó.
Elvira golpeó con toda la fuerza que pudo reunir mientras el monstruo agachaba la cabeza hacia su hombro. Le golpeó en la cabeza y atravesó piel, musculo y…el cuchillo se quedó anquilosado en el hueso. No pudo hacer nada cuando el zeta apretó sus mandíbulas entorno a la clavícula. Grito de dolor y de miedo pues sabía lo que eso significaba. Ahora no tenía derecho a nada. Ni siquiera a morir.
La cabeza del monstruo explosionó cuando Rebeca le puso el fusil en la sien y disparó.
Elvira se sentó contra la barricada mientras lloraba silenciosamente. Rebeca estaba hiperventilando mientras intentaba contar hasta diez con las temblorosas manos, mirando el cadáver de la niña.

El Hospital. Parte V

-Tranquila, tranquila. Vamos a tardar poco, no te preocupes-Rebe le colocó el brazo por encima de los hombros, ayudándola a incorporarse.
Pero Elvira siempre había sido una chica fuerte, a los diez segundos volvían a moverse siguiendo el haz de luz.
Giraron a la izquierda y tomaron un pasillo que se veía muy, muy oscuro. Desde que los disparos habían cesado, los sonidos extraños parecían remitir.
Cuando enfilaron el siguiente pasillo a la derecha la linterna sorprendió a lo lejos a dos figuras acercándose todo lo rápidamente que les permitían sus menguadas facultades.
-Apunta y dispara. Apunta y dispara. Apunta y dispara.
Rebeca levantó la boca del cañón mientras Elvira recitaba su letanía de muerte. Comenzaron a distinguir a un joven aparentemente sano (no lo estaba, tenía los ojos inyectados en sangre y gemía) y a una anciana con la mitad de la cara abrasada.
-Una…, dos…, y… ¡TRES!-Los dos disparos iluminaron momentáneamente el pasillo, que parecía sacado de un cuadro de El Bosco. El joven cayó con el cráneo abierto. La mujer fue derribada por la fuerza del impacto en el pecho y automáticamente comenzó a incorporarse.
Por detrás se oían más sonidos de pasos. Rebe los escuchó a tiempo y se giró encontrándose de cara con un muro de negrura impenetrable. Escuchó un segundo y creyó advertir por donde se movía la criatura (esperaba sinceramente que fuera una criatura y no algún niño extraviado, ya que odiaba los niños extraviados). Disparó.
El fogonazo casi solapó al de Elvira que disparaba en la dirección contraria. La anciana recibió el disparo justo en el ojo derecho y tras apoyarse con sorpresa en la pared cayó de bruces.
La criatura que se movía en la oscuridad fue derribada y su hombro salto en mil pedazos.
-Vamos, si nos quedamos aquí, estamos jodidas.- Elvira asintió y comenzaron a correr por el pasillo.
Al girarse sin apuntar con la linterna Elvira no había reparado en la sombra que se acercaba a ella desde la negrura. Se topó con ella de bruces y el monstruo la sujeto con fuerza. Con el susto Elvira le propino un golpe en la coronilla con la linterna. Error, la linterna crujió y eso solo sirvió para enfurecer más al agresor. Rebeca echó hacia atrás el fusil e intentando recordar todas las lecciones de Buguei recibidas, saltó y le propinó en el aire una patada en la sien. La cabeza crujió y el ser cayó derribado hacía la pared, chocando con ella.

1. En la aventura original Elvira se orinó encima, pero esto a parte de irreal, resulta cómico.

El Hospital. Parte IV

Se oyó un: uuuuuuuuuuuuggghh repentinamente cerca. Elvira giró la linterna todo lo rápido que pudo y en la esquina del pasillo distribuidor lo vio. Era un hombre gordo, calvo y que vestía una bata de hospital. Las miraba y resoplaba con los ojos inyectados en sangre. Elvira levantó el arma y comenzó a apuntar cuidadosamente. El ser comenzó a avanzar hacia ellas a una velocidad nada desdeñable. Rebe abrió fuego sin pensárselo, siempre había sido así de impulsiva. La bala de Rebeca atravesó al ser desde el esternón hasta la espalda. Se detuvo un momento mientras una sustancia negra goteaba del agujero. Siguió avanzando.
Elvira frunció el entrecejo intentando calibrar el disparo. El zeta seguía avanzando, ya lo tenían casi encima, era un disparo seguro. Disparo.
El hombre gordo cayó al suelo con la tapa de los sesos levantada.
Los disparos habían sido como el campanazo de salida para una competición de gemidos y golpes. Todo el hospital se había convertido en un hervidero de gritos y pasos. Las dos estaban paralizadas. Elvira volvió a levantar la linterna justo a tiempo de ver a una mujer de mediana edad sin un brazo avanzando silenciosamente hacia ellas. Estaba a tres metros y gemía de desesperación por no poder acercarse más rápido.
Rebe volvió a disparar sin apuntar, pero esta vez tuvo más suerte. El disparo sonó como un cañonazo en la oscuridad y la cabeza de la mujer estalló salpicando de sangre las paredes.
Elvira estaba empezando a hiperventilar. Una tromba de ruido se abalanzaba por las escaleras por las que habían bajado. El haz de luz se movió y observaron como un amasijo de carne que resulto ser un pequeño hombre caía partiéndose brazos y costillas. Sin embargo se levantó impertérrito y les enseñó los dientes. Señal inequívoca. Esta vez Rebeca apuntó y Elvira hizo fuego. El disparo le destrozó la rodilla haciéndolo caer de rodillas. La bala de Rebe terminó el trabajo rápidamente. Los golpes comenzaron a sonar más cerca y Elvira respiraba cada vez más rápidamente hasta que se dobló sobre sí misma y vomitó en el suelo1.

El Hospital. Parte III

Rebeca puso el M16 en posición de bala a bala y comenzó a andar hacia recepción. Atravesaron la entrada que conectaba el hall con el pasillo de distribución y miraron a izquierda y derecha. Aunque fuera era mediodía, allí con casi todas las ventanas tapiadas y las puertas cerrabas, había que enfocar la vista.
-Miraremos en recepción a ver si encontramos un mapa. No olvides: La farmacia.
Abrieron con cautela la puerta y pusieron un pie en la habitación. Se encontraba sumida en una oscuridad absoluta. Había un montón de mesas con papeles tirados por todas partes, ordenadores arrojados al suelo y un par de armaritos, al fondo un ordenador de sobremesa sobre un escritorio. De repente se oyó algo arrastrándose y chochando contra las maderas entre las mesas. Elvira negó con la cabeza y Rebeca cerró la puerta. Escucharon un gemido apagado viniendo de no sé dónde entre los ecos del edificio y volvieron al hall.
Allí Elvira recordó algo que Rafa le había dicho no hace mucho (había trabajado durante mucho tiempo de vigilante jurado allí), que la farmacia se encontraba en la planta -1. Fantásticas noticias, y además era solo un recuerdo fragmentado, podía haberlo imaginado.
-Creo que la farmacia está en la planta de abajo.-Elvira llevaba un rato sin hablar y la voz le salió áspera.
-¡Es cierto, Francisco me lo dijo antes de salir!
-¿Y no dices nada?
-Lo acabo de recordar…perdona.
Elvira suspiró y sacó de su mochila la linterna, que encendió rezando porque las pilas les dieran por lo menos una hora.
Comenzaron a bajar las escaleras con mucha precaución y las armas en ristre. Cuando llegaron abajo la oscuridad era absoluta y solo el haz de la linterna las alumbraba. La sala era un espacio de unos siete metros por cinco lleno de filas de asientos de plástico. En uno de esos asientos yacía un cuerpo con la cabeza hacia atrás. Tenía mucha sangre seca en los brazos, como si se hubiera cortado las venas, pero no se movía. Muy buena noticia.
-Mierda, mierda…, esto está muy oscuro Elvi- Rebe palidecía por momentos.
-¿No puedes sacar tu linterna?
-No puedo disparar el rifle con una mano, no soy Román, ¿vale?
Dieron un par de pasos hacia la oscuridad. Comenzaron a escucharse lejanos gemidos y algunos golpes en las paredes. Los ecos impedían dictaminar de donde procedían los sonidos.
Avanzaron hacia la izquierda un par de metros y llegaron a la puerta de un abandonado ascensor.
-Creo que ahí hay un cartel, quizá un mapa. Alumbra.-Elvira giró la linterna en la dirección que señalaba su amiga y vieron un desvaído porta carteles. Dentro del cual había un mapa.
Las dos estuvieron mirándolo diez segundos. A Elvira se le erizaban los pelos de la nuca cada vez que se oía un golpe en las paredes y unas pisadas lejanas (o cercanas) hacían que Rebe se mordiera el labio inferior con fuerza.
-No puedo memorizarlo, lo siento.-Admitió Elvira derrotada.
Habían olvidado traer papel y bolígrafo desde el Refugio, nunca creyeron que lo necesitarían.
Con un rápido movimiento Rebe se echó hacia la espalda el fusil, saco la cantimplora y el cuchillo y comenzó a realizar unas líneas que intentaban simular el camino hasta la farmacia.
-Joder, esto es enorme.-Dijo mientras volvía a guardar el cuchillo y colocaba el fusil de nuevo entre sus manos.

El Hospital. Parte II

Montaron en el viejo coche de los padres de Igna. Diez minutos antes Rebe había estado dando viajes desde el almacén del combustible con garrafas de gasolina para llenar el depósito. Llevaban dos mochilas con algunas cosas: un par de bolsitas de plástico con comida imperecedera para dos días, dos cuerdas de un metro cada una, unas cantimploras abolladas de un litro de agua, unas mantas bien dobladas y un cuchillo jamonero para cada una de ellas. Además Elvira llevaba en el cinturón una desgastada pistola de 10 mm y un cargador con diez balas más en la chaqueta. Por su parte Rebe portaba un fusil M 16 con un cargador de reserva en el bolsillo de atrás del pantalón. ¿Qué curiosa historia contaría el M 16 si pudiera hablar? ¿Cómo había llegado desde su base militar a la armería del Refugio? Nunca lo sabrían.
El viaje transcurrió sin accidentes ni sorpresas. Fueron por carreteras secundarias y a veces por caminos muy poco transitados. No vieron ninguna criatura. El Punto Seguro de Almería los atraía como moscas. Entraron en Granada por el Zaidín y aceleraron el motor como locas por las calles. De vez en cuando una calle se veía bloqueada por camiones, accidentes o masas de zetas. Cuando veían u oían el coche se giraban e intentaban seguirlo en vano, por fortuna.
Finalmente y apareciendo de entre lo que antes era una calle peatonal, vieron el hospital clínico. Se visión causaba desasosiego, casi todos los cristales estaban rotos, el interior se veía oscuro y solitario y había un par de manchas de lo que parecía sangre seca en la fachada. No parecía haber zetas por la zona. Metieron el vehículo por la entrada principal, por donde normalmente no entraban los coches y aparcaron justo en las escaleras que subían a la entrada cristalera. Bajaron apresuradamente cerrando bien con llave. Subieron al trote las escaleras y tragando saliva se internaron en la semi-penumbra del hospital.
El hall mostraba una imagen tenebrosa y Rebeca retrocedió un paso cuando vio los inmensos charcos de sangre en el suelo y los rastros de manos sangrientas por las paredes. No se oía nada. Elvira inspiró profundamente.
-Oye, entrar, coger las cosas y salir. ¿De acuerdo?- Elvira asintió a las palabras de su compañera y amartilló la pistola. Rafa les había enseñado a todos los rudimentos de las armas de fuego.

El Hospital. I parte

El sol se ponía con pereza tras las altas montañas que rodeaban El Refugio. Elvira observaba silenciosa la sinfonía de colores y pensaba. Esa noche seguro que no podría dormir. No podía creer lo que había pasado: El día anterior, mientras ella y Carlos hacían la ronda por las torres eléctricas levantadas por Román, Carlos se cayó de cinco metros y medio. La fractura abierta de tibia es una de las lesiones más dolorosas relacionadas con los huesos. Elvira corrió hacia El Refugio para buscar ayuda. Tras trasladarlo a la casa más cálida, el viejísimo doctor Francisco dictaminó que la herida se infectaría y Carlos moriría sin remisión si no recibía antibióticos de alto espectro. Además posiblemente se volvería loco del dolor sin analgésicos. Y desde que el mundo se fue al carajo aquellas cosas no nos sobraban precisamente.
Así que había que conseguir esos medicamentos. Normalmente la cincuentena de habitantes del refugio hacía regularmente salidas para abastecerse de alimentos específicos, armas, información o trazar mapas de los puntos muertos y el movimiento de las hordas zombie. Los más proclives a ello eran los refugiados del plan Guille; los habitantes originales del Refugio (Bubión) eran más reacios. Precisamente en esos momentos un grupo de hombres armados investigaba la base militar de armilla en busca de armas y comida enlatada. Ellos tenían que haber hecho la salida para buscar las cosas de Carlos. Pero ahora no estaban y nadie tenía muy claro quién tenía la responsabilidad de aventurarse en el punto muerto de Granada.
Para empeorar la situación todos estaban seguros de que desde la evacuación y la posterior caída de todos los puntos seguros, las farmacias y sitios por el estilo habrían sido saqueados hasta los cimientos. El único lugar que ahora podía albergar ese tipo de medicamentos (Francisco había dicho que Ibuprofeno 850 y morfina en dosis auto inyectables) era el Hospital Clínico, ya que el Ruiz de Alda había ardido hasta los cimientos durante la evacuación.Así que se llevó a cabo el sorteo. Participaron todas las personas que quedaban sanas y jóvenes. Alguien reunió un montón de cañas de diferentes tamaños y cada persona cogió una. Cuando Elvira abrió la mano, se le heló la espalda. Afortunadamente la segunda pajita más corta era de Rebeca, por lo menos iría con alguien conocido.

Introducción.

Ha llegado la hora de conocer la historia de unos supervivientes que lucharon codo con codo contra la infección y sobrevivieron a base de maña e inteligencia. Todas las aventuras narradas están basadas en partidas reales del juego de rol: Zombie, all flesh must be eaten (AFMBE, a partir de ahora). Los personajes de la historia son reflejos heroicos de las personas reales que los manejan y al final de cada aventura se publicaran sus perfiles. Las aventuras se mostrarán inconexas entre ellas, ya que nos llegan a medida que el Narrador las va rescatando de su memoria. Si fuera necesario o reclamado se publicaria la historia completa del Refugio o de los propios refugiados.
Comienza la historia.