1.07.2009

El Hospital. Parte III

Rebeca puso el M16 en posición de bala a bala y comenzó a andar hacia recepción. Atravesaron la entrada que conectaba el hall con el pasillo de distribución y miraron a izquierda y derecha. Aunque fuera era mediodía, allí con casi todas las ventanas tapiadas y las puertas cerrabas, había que enfocar la vista.
-Miraremos en recepción a ver si encontramos un mapa. No olvides: La farmacia.
Abrieron con cautela la puerta y pusieron un pie en la habitación. Se encontraba sumida en una oscuridad absoluta. Había un montón de mesas con papeles tirados por todas partes, ordenadores arrojados al suelo y un par de armaritos, al fondo un ordenador de sobremesa sobre un escritorio. De repente se oyó algo arrastrándose y chochando contra las maderas entre las mesas. Elvira negó con la cabeza y Rebeca cerró la puerta. Escucharon un gemido apagado viniendo de no sé dónde entre los ecos del edificio y volvieron al hall.
Allí Elvira recordó algo que Rafa le había dicho no hace mucho (había trabajado durante mucho tiempo de vigilante jurado allí), que la farmacia se encontraba en la planta -1. Fantásticas noticias, y además era solo un recuerdo fragmentado, podía haberlo imaginado.
-Creo que la farmacia está en la planta de abajo.-Elvira llevaba un rato sin hablar y la voz le salió áspera.
-¡Es cierto, Francisco me lo dijo antes de salir!
-¿Y no dices nada?
-Lo acabo de recordar…perdona.
Elvira suspiró y sacó de su mochila la linterna, que encendió rezando porque las pilas les dieran por lo menos una hora.
Comenzaron a bajar las escaleras con mucha precaución y las armas en ristre. Cuando llegaron abajo la oscuridad era absoluta y solo el haz de la linterna las alumbraba. La sala era un espacio de unos siete metros por cinco lleno de filas de asientos de plástico. En uno de esos asientos yacía un cuerpo con la cabeza hacia atrás. Tenía mucha sangre seca en los brazos, como si se hubiera cortado las venas, pero no se movía. Muy buena noticia.
-Mierda, mierda…, esto está muy oscuro Elvi- Rebe palidecía por momentos.
-¿No puedes sacar tu linterna?
-No puedo disparar el rifle con una mano, no soy Román, ¿vale?
Dieron un par de pasos hacia la oscuridad. Comenzaron a escucharse lejanos gemidos y algunos golpes en las paredes. Los ecos impedían dictaminar de donde procedían los sonidos.
Avanzaron hacia la izquierda un par de metros y llegaron a la puerta de un abandonado ascensor.
-Creo que ahí hay un cartel, quizá un mapa. Alumbra.-Elvira giró la linterna en la dirección que señalaba su amiga y vieron un desvaído porta carteles. Dentro del cual había un mapa.
Las dos estuvieron mirándolo diez segundos. A Elvira se le erizaban los pelos de la nuca cada vez que se oía un golpe en las paredes y unas pisadas lejanas (o cercanas) hacían que Rebe se mordiera el labio inferior con fuerza.
-No puedo memorizarlo, lo siento.-Admitió Elvira derrotada.
Habían olvidado traer papel y bolígrafo desde el Refugio, nunca creyeron que lo necesitarían.
Con un rápido movimiento Rebe se echó hacia la espalda el fusil, saco la cantimplora y el cuchillo y comenzó a realizar unas líneas que intentaban simular el camino hasta la farmacia.
-Joder, esto es enorme.-Dijo mientras volvía a guardar el cuchillo y colocaba el fusil de nuevo entre sus manos.

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