El farmacéutico seguía allí. Aunque no tenía piernas y sus ojos ansiaban la carne de Rebe. Ella bajó la magnum y la cabeza quedó desintegrada. Cogieron dos cajas de Ibuprofeno 850 y dos cajas de dosis auto inyectables de morfina, una de cada para cada mochila. La puerta empezó a retumbar por los golpes que algo daba en ella.
-Rápido, al sofá no le queda mucho.
En la pared Rebe vio un gigantesco botiquín atornillado que seguro que contenía algo útil. Estaba cerrado con llave y a eso no podía dispararle.
-Busca la llave. Tenemos que abrir eso.
Elvira asintió y miró en el mostrador y debajo de este. Nada. Ambas miraron con asco el cadáver del farmacéutico. Rebe aguanto la respiración y le dio la vuelta. Metió la mano en los bolsillos de la bata blanca y saco una minúscula llave que encajó a la perfección en la cerradura del botiquín.
1.07.2009
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