1.07.2009

El Hospital. Parte V

-Tranquila, tranquila. Vamos a tardar poco, no te preocupes-Rebe le colocó el brazo por encima de los hombros, ayudándola a incorporarse.
Pero Elvira siempre había sido una chica fuerte, a los diez segundos volvían a moverse siguiendo el haz de luz.
Giraron a la izquierda y tomaron un pasillo que se veía muy, muy oscuro. Desde que los disparos habían cesado, los sonidos extraños parecían remitir.
Cuando enfilaron el siguiente pasillo a la derecha la linterna sorprendió a lo lejos a dos figuras acercándose todo lo rápidamente que les permitían sus menguadas facultades.
-Apunta y dispara. Apunta y dispara. Apunta y dispara.
Rebeca levantó la boca del cañón mientras Elvira recitaba su letanía de muerte. Comenzaron a distinguir a un joven aparentemente sano (no lo estaba, tenía los ojos inyectados en sangre y gemía) y a una anciana con la mitad de la cara abrasada.
-Una…, dos…, y… ¡TRES!-Los dos disparos iluminaron momentáneamente el pasillo, que parecía sacado de un cuadro de El Bosco. El joven cayó con el cráneo abierto. La mujer fue derribada por la fuerza del impacto en el pecho y automáticamente comenzó a incorporarse.
Por detrás se oían más sonidos de pasos. Rebe los escuchó a tiempo y se giró encontrándose de cara con un muro de negrura impenetrable. Escuchó un segundo y creyó advertir por donde se movía la criatura (esperaba sinceramente que fuera una criatura y no algún niño extraviado, ya que odiaba los niños extraviados). Disparó.
El fogonazo casi solapó al de Elvira que disparaba en la dirección contraria. La anciana recibió el disparo justo en el ojo derecho y tras apoyarse con sorpresa en la pared cayó de bruces.
La criatura que se movía en la oscuridad fue derribada y su hombro salto en mil pedazos.
-Vamos, si nos quedamos aquí, estamos jodidas.- Elvira asintió y comenzaron a correr por el pasillo.
Al girarse sin apuntar con la linterna Elvira no había reparado en la sombra que se acercaba a ella desde la negrura. Se topó con ella de bruces y el monstruo la sujeto con fuerza. Con el susto Elvira le propino un golpe en la coronilla con la linterna. Error, la linterna crujió y eso solo sirvió para enfurecer más al agresor. Rebeca echó hacia atrás el fusil e intentando recordar todas las lecciones de Buguei recibidas, saltó y le propinó en el aire una patada en la sien. La cabeza crujió y el ser cayó derribado hacía la pared, chocando con ella.

1. En la aventura original Elvira se orinó encima, pero esto a parte de irreal, resulta cómico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario