1.07.2009

El Hospital. Parte VI

-¡Corre!
Ambas comenzaron una carrera casi a ciegas debido al balanceo de la linterna en las temblorosas manos de Elvira. El olor putrefacto de todo el ambiente y la sensación de las manos muertas sujetándola no habían ayudado mucho a que se tranquilizara.
Días después Rebe juró que durante su carrera a ciegas por el pasillo había sentido como una mano la intentaba agarrar de la camiseta.
Comenzaron a ver una claridad en lo que parecía el final del pasillo, tras pasar por dos puertas rotas que no tenían ninguna intención de investigar por los sonidos que salían de ellas.
Pararon a recuperar el resuello justo delante de la puerta de cristal que daba salida a un pequeño patio. En el patio la escena era dantesca: tres cadáveres de soldados se encontraban tirados en diversas posturas tras una barricada de sacos de arena que partía el espacio en dos. Al otro lado de la barricada tres figuras humanas que claramente eran zetas se encontraban en cuclillas devorando algo que parecía ser una rata especialmente grande. Cuando oyeron a las dos jóvenes se giraron rápidamente y un destello de hambre y locura cruzó sus ojos.
-¡Podemos coger el equipo de los soldados!-Rebeca se lanzó por la puerta hacia los soldados en unos de sus muchos ataques de imprudencia. Elvira estaba empezando a pensar que hubiera sido más seguro venir sola, idea que deshecho cuando vio como, aún al trote, Rebe disparaba su fusil reventando una cabeza en el proceso.
Elvira corrió detrás de ella y ambas se parapetaron en la barricada. Elvira abrió fuego apresuradamente y solo consiguió un bonito agujero en la pared de detrás de su objetivo.
Los tenían casi encima y tuvieron que retroceder un par de pasos. Rebeca se quedó paralizada cuando vio lo que había en la puerta por la que habían entrado. Una niña pequeña, de unos siete años, rubia y con un pijama rosa de Hello Kity. Su piel mostraba un ramillete de venas negras y sus ojos estaban rojos por la sangre. Le faltaba un pedazo de cuello.
Rebeca comenzó a temblar, mientras Elvira afinaba la puntería y le destrozaba el occipital a otro zeta, sin poder evitar que el que quedaba cruzara la barricada a trompicones y se abalanzara sobre ella.
Entre tanto Rebeca intentaba apuntar con el rifle, sin conseguirlo. Dio un par de tiros que salieron sin rozar a la niña. Hasta que la tuvo encima.
Elvira había conseguido esquivar una dentellada y había sacado el cuchillo de su cinturón.
Rebeca le había dado la espalda y cuando la niña la tenía agarrada por un brazo por fin reaccionó a olor y a los gritos de ayuda de su amiga. Subió el rifle y lo puso casi con delicadeza en la base del cuello de la niña. Apretó el gatillo. Disparó.
Elvira golpeó con toda la fuerza que pudo reunir mientras el monstruo agachaba la cabeza hacia su hombro. Le golpeó en la cabeza y atravesó piel, musculo y…el cuchillo se quedó anquilosado en el hueso. No pudo hacer nada cuando el zeta apretó sus mandíbulas entorno a la clavícula. Grito de dolor y de miedo pues sabía lo que eso significaba. Ahora no tenía derecho a nada. Ni siquiera a morir.
La cabeza del monstruo explosionó cuando Rebeca le puso el fusil en la sien y disparó.
Elvira se sentó contra la barricada mientras lloraba silenciosamente. Rebeca estaba hiperventilando mientras intentaba contar hasta diez con las temblorosas manos, mirando el cadáver de la niña.

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