Sacó el cuchillo y lo metió en la cerradura intentando recordar las lecciones de Fran. Elvira disparó en ese momento, derribando la primera figura. Rebe se sobresaltó por el ruido y giró la muñeca antes de lo debido. La punta de la hoja se rompió dentro de la cerradura.
-¡Vamos déjalo! ¡No hay nada!-Elvira reclamaba su atención mientras el zeta que quedaba alcanzaba la puerta de cristal.
Rebe rodeó el mostrador y saco otra vez el pistolón. Posicionó las piernas y disparó. La bala atravesó de parte a parte al zeta, reventándole media caja torácica. Elvira remató el trabajo.
-¿Y ahora por donde?-Rebe no sabía ni donde estaban las escaleras.
Elvira siempre había tenido mejor sentido de la orientación y señaló con duda hacía un pasillo a la izquierda. Comenzaron a trotar por él. A Elvira le molestaba la herida y Rebe estaba cada vez más dudosa sobre el éxito de su expedición.
Se trataba de un pasillo de recodo sin puertas ni ventanas. Al final apareció la luz y una puerta doble de cristal a través de la que se veía un jardín cuyos arbustos habían crecido por encima del límite que los humanos permitían.
-Por aquí no es…-Elvira se sentía derrotada y no sabía qué hacer. Se apoyó con la mano en la pared y pensó. Notó que una sustancia viscosa le resbalaba por la palma y la retiró rápidamente para mirar. Era sangre. Se limpió en los pantalones y miró la pared. La huella de su mano había descubierto algo muy interesante.
Una flecha antes tapada por la sangre con una F mayúscula encima, señalaba en dirección de vuelta al pasillo.
En ese momento comenzaron a escucharse de nuevo los gemidos y los golpes y algo más. Unos gritos de mujer que pedían socorro una y otra vez, que de vez en cuando se entremezclaban con los ladridos de un perro y con disparos.
Las dos se miraron y negaron con la cabeza casi al unísono. Bastante tenían con sus problemas como para ayudar a otros.
Volvieron por el pasillo y tras fijarse vieron otra pequeña F que indicaba el siguiente pasillo a la izquierda, enfrente del pasillo y que antes habían ignorado. De la puerta del mortuorio salía otra figura. Aceleraron la marcha. El pasillo desembocaba en una única puerta con un cartel de Farmacia encima. La puerta, por supuesto, estaba cerrada. Rebeca musitó un juramento y sin más miramientos disparó de nuevo contra la cerradura. La puerta volvió a saltar. Gracias a dios la habitación contaba con ventana y constaba de un mostrador tras el cual se alzaban decenas de organizadores ordenados alfabéticamente. Un pequeño sofá beige completaba la escena.
Elvira se lanzó a por el sofá y lo movió hasta colocarlo delante de la puerta. Rebe entró tras el mostrador y miró los cajones metálicos. Algo tiró de ella por los pantalones y giró con un grito.
1.07.2009
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