1.08.2009

El Hospital. Parte XIII

Comenzaron a caer muchos muertos por delante y algunos por fuego proveniente también por detrás, pero la masa parecía inacabable. De repente sonó un repiqueteo metálico contra el suelo y para Elvira todo se volvió blanco.
Rebe se lanzó al suelo justo a tiempo, la explosión la pillo con el pecho apretado contra el frio mármol y solo la aturdió. Elvira volvió a llevarse la peor parte (hoy no era su día). La onda expansiva la arrojó contra la pared y cayó sentada y sin conocimiento.
Abriendo fuego como nunca lo habían visto, Román apareció de entre la masa de cadáveres. Propinó un culatazo a un acosador y le partió el cráneo. Se lanzó escaleras abajo y apretó a Rebeca entre sus brazos.
-¿Estás bien amor?-la besó-estaba preocupado por ti.
Entonces miró a Elvira y lanzó un silbido. De entre el fuego sostenido aparecieron dos hombres más. El hall estaba totalmente despejado pero era una carnicería del terror, todo lleno de huesos y vísceras desparramadas. Ignacio avanzó presto y le quitó con delicadeza la mochila y la pistola a Elvira, colocándose la primera y guardando la segunda en el bolsillo. El otro hombre era un negro enorme que portaba un rifle de asalto G37 e iba acompañado por un perro. Levantó a Elvira en volandas, mientras Román hacía lo propio con Rebeca. Ambas se dejaron llevar, estaban demasiado cansadas para hacerse las fuertes.
Mientras abandonaban el hospital de los horrores aparecieron más zetas. Igna se giró y los abatió con ráfagas controladas de su fiel AK 47. En la plaza de la puerta había aparcada una furgoneta blanca con un dibujo hecho a spray en el lateral. Era una calavera gritando mientras una mano la apretaba y agrietaba por arriba. En la ventana del copiloto Juan apuntaba una pistola.
Salían más muertos por la puerta de urgencias. Román lanzó otra granada y destruyó una de las columnas que sujetaban el pórtico. Éste cayó aplastando a los zombies. Abrieron las puertas traseras del vehículo y entraron. Román depositó a Rebeca en un lateral y el negro hizo lo mismo con Elvira. Igna subió al vehículo mientras el desconocido bajaba. Se quedó dudando un momento en la puerta mientras el perro (un pastor alemán) se removía inquieto.
-¡Sube!-El hombre no dudó un momento de la palabra de Igna y subió cerrando las puertas.

La cabina estaba comunicada con la parte de carga por una apertura hecha apresuradamente. Guille estaba al volante con un regaliz en la boca.
-¿Qué tal las balísticas M2?
-Acelera coño.-Rugió Román.
-Vale, vale.-El motor roncó y la furgoneta salió disparada por las calles de Granada.

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