Uno de los guerreros escupió una flema roja al suelo. Todos se apartaron rapidamente del lugar donde el deshecho impactó. Sabían lo que le había pasado a ese hombre, la cicatriz en forma de mandibula de su gemelo lo atestiguaba: tenía el mal del muerto, cuando muriera su cuerpo regresaria para comer carne humana. Pero no lo habían matado, no podrían haberlo matado ni aunque hubieran querido, era el hombre más fuerte y rápido de Fada y las balas hacía una semana que se habían gastado.
Desde que la munición se acabo los Fadanos luchaban como lo habían hecho durante siglos sus antepasados, con la lanza y el escudo, contra los muertos era rudimentario, pero eficaz.
Ahora todos los hombres del pueblo, algunos demasiado jóvenes, otros demasiado viejos y todos con el miedo reflejado en su mirada, eran guerreros leopardo.
El Hombre del Mal del Muerto lanzó un alarido que sonó como la risa de la hiena en la oscuridad y todos rezaron a la noche para que confundiera a los hijos del inframundo.
Lanzó un tajo penetrante con la lanza y esta le entró a la mujer por el ombligo. Consiguió pararla, pero al momento ella comenzó a avanzar mientras un desagradable crujido sonaba dentro de sus tripas ensartadas. Él empezó a temblar y estaba a punto de soltar el arma y echar a correr cuando un machete salió de la nada y penetró diez centimetros en el cráneo de la mujer, que dejó de luchar para descansar. El Hombre del Mal del Muerto extrajo su arma y giró sobre si mismo al tiempo que arrojaba la lanza que portaba en la mano izquierda. Otra figura tambaleante cayó a lo lejos.
Se les habían echado encima en menos tiempo que los leopardos trepan y la lucha había sido cerrada desde el principio. Por suerte los escudos de mimbre hacían bien su trabajo y nadie había resultado mordido. Nadie excepto el Hombre del Mal del Muerto, que estaba cubierto de cabeza a pies de sangre. Una tremenda herida en el pecho desnudo y palpitante no dejaba de manar rubí. Miraba a los demás hombres como esperando un juicio. A todos les había salvado la vida aquella noche, por lo menos una vez.
-¡Viva el Dos Veces Maldito!.-Todos los hombres corearon el grito mientras levantaban las lanzas y el Dos Veces Maldito se perdió en la noche.
Fada viviría otro día. Fada estaba viva.
1.22.2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario