-Pelotón segundo, apunten y disparen.-La orden fue transmitida con una serenidad que parecía impropia.
Los veinte soldados abrieron fuego casi al unísono destrozando cajas torácicas y cabezas en un aluvión de carne y sesos.
Tras diez segundos de disparos continuados los percutores de los G36 golpearon en vacio y el fuego se detuvo.
Ya solo se veían cinco o seis criaturas a lo lejos.
El pelotón se encontraba protegiendo la entrada de la carretera de Armilla. Una barricada prefabricada separaba a los veinte exhaustos soldados del centenar de cadáveres del otro lado. A su derecha veían la zona de los concesionarios y un poco más adelante la feria de muestras y el Carrefour. A su izquierda la gasolinera y unas zonas residenciales. Justo a su espalda dos BMP de transporte y un Leopard del ejército de tierra esperaban como bestias dormidas vigilando su retaguardia.
En realidad estaban allí protegiendo la relativa seguridad de la autovía por la que una interminable columna de refugiados, motorizados o andando se dirigían a Almería o Málaga, por distinto carriles.
De Armilla no acudía ni un solo zeta. Parecía que los chicos de la base aérea estaban haciendo bien su trabajo. De hecho de vez en cuando veían pasar un helicóptero de reconocimiento.
Cada dos horas más o menos llegaba un BMP del cuartel del rasillo y les dejaba agua y cargadores, pero nada para los blindados, que pronto se quedarían sin balas para los muertos.
Por ahora parecía que Granada resistía, aunque oficialmente tenían orden de evacuarla. Los puntos seguros serían Almería y Málaga, alcanzables por mar. Granada resistía.
1.19.2009
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