-¡Los tenemos detrás!
-Sigue corriendo y calla, así sólo los atraes.
Aquello no era precisamente una retirada ordenada, los soldados corrían de forma caótica, saltando las apresuradas barricadas y no se detenían para realizar fuego de cobertura o reorganizar el mando. Solo corrían.
Estos soldados llevaban seis horas apostados en la entrada del Camino de Ronda conteniendo a duras penas el chorro de zetas que los acosaba. La cosa había ido bien hasta que los defensores de su flanco izquierdo, por la carretera de Malaga se habían visto superados y el ataque había comenzado por dos frentes. Tenían un 65% de bajas y no les quedaba apenas munición, por eso, cuando el mando central ordenó un "repliegue" a la zona azul del centro, nadie intentó retrasarse.
Granada estaba casi perdida, aparte de los brotes internos y de la presión ejercida por las bandas muertas del cinturon urbano había que sumar incendios, saqueos, fugas de gas, accidentes y disturbios. La policía estaba totalmente desbordada y el pequeño contingente militar se encontraba estirado al máximo y con importantes perdidas. Los pocos civiles que prestaban algo de ayuda eran utilizados como tropas de refresco y abastecimiento, pero fallaban en lo ensencial y malgastaban munición, amén de que la mayoría de los soldados no había disparado nunca a una persona.
Pero la adversidad nos hace más fuertes, una defensa memorable por parte de un solo pelotón de fusileros en la salida de urgencias del hospital Virgen de las Nieves, permitió la casi completa evacuación de este, aún a costa de todos sus defensores. Un piloto de helicoptero se dedicó, durante dos días completos, a hacer vuelos de reconocimiento por el cinturón y por las zonas muertas. Las imagenes que captó eran aterradoras: familias pidiendo ayuda desde las ventanas mientras los zetas entraban en sus casas, pequeños grupos resistiendo en el interior de autobuses que se habían quedado sin combustible...
Ya no llegaba comunicación de los puestos artilleros de Albolote y las cortinas de fuego se habían detenido, convirtiendo las corrientes de muertos en mareas en puntos como el Parque Tecnológico de la Salud. El alto mando andaluz, desde su sede en Antequera urgía a la retirada de tropas hacía el siguiente punto seguro, para reunirlas y organizar las fuerzas en Córdoba.
Por eso corrían los soldados entre las abandonas barricadas, por eso se retiraban los vehiculos blindados del Palacio de Congresos. Granada había caido y sus defensores abandonaban el barco antes que las ratas.
Y en medio de todo ese caos, una pequeña caravana de cuatro coches cruzaba a toda velocidad carreteras secundarias, esquivando a los zombies que aparecían de forma ocasional. Se dirigían hacía un futuro incierto, que no sabían si sería peor que acompañar a los militares.
Por fin entraron en el pueblo, Bubión estaba desierto y aparcaron en la plaza del ayuntamiento.
Guillermo se bajó del coche de cabez y se dirigó a la primera casa en la que escuchó actividad. Lo cubría de cerca Rafa con su revolver. Guillermo se acercó a la puerta y la golpeó tres veces...
Para alivio de todos una tímida voz contestó:
-¿Quienes sois?
-Refugiados.
7.26.2009
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